"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca" JORGE LUIS BORGES

domingo, 6 de noviembre de 2011

Contra el viento del norte de Daniel Glattauer

Una novela epistolar. Y no es fácil conseguir que el intercambio de correos electrónicos entre dos personas nos tenga pegados al sillón, a las paginas del libro como si de una novela negra se tratara. 


Vamos conociendo lentamente a los personajes (a Leo y a Emi) por lo que ellos mismos dejan translucir. Aún sabiendo que fácil es mentir en la red, es también imposible que el tiempo no acabe por mostrar lo que en realidad somos, lo que sentimos aún sin saberlo. 



Y nuestros protagonistas se arriesgan a ello, a crear una adicción que les saca de su zona de confort y les obliga  a replantearse su vida. Nosotros vamos avanzando con ellos, cambiando con ellos, identificandonos sin querer con uno u otro. Y deseando en el fondo de nuestro corazón que hagan ésto o aquello. 


Para leer de un tirón....y querer más.

Después de un paréntesis... con renovadas fuerzas

Ha sido casi un año de silencio. Lo que no quiere decir que haya estado apartada de los libros. Es más, mi relación con ellos ha cambiado un montón. 

Yo era reacia a los libros electrónicos por eso del romanticismo de la página impresa, el olor de los libros, su mística. Hasta que los probé. Y se acabó el romanticismo. Es como llevar la biblioteca de Alejandría en el bolsillo. A cualquier hora, en cualquier sitio. TODO.


Además la lectura es muy cómoda. No cansan los ojos y si tienen una lamparita adicional son estupendos para la lectura nocturna en la cama.

En fin que me he pasado definitivamente. Lo siento. Soy una mujer práctica.

Y en los próximos posts os cuento lo que he leído en este tiempo.

martes, 4 de enero de 2011

Verano de los quince años a ritmo de Tannhäuser

Estamos ya en la tercera generación. Rememoramos los veranos en la casa natal de nuestro tercer Trotta, con poco más de 14 años y de vacaciones de la escuela militar.

Francisco José I
 Hay un regusto en la historia a Lampedusa pero también a Proust. Las ceremonias inmutables y llenas de coloridas imagenes que quedan en nuestra retina literaria como reflejo de una época. La banda militar tocando la marcha Radezsky durante el primer plato y la obertura de Tannhäuser en el buey cocido con su guarnición de verduras, muy lejanas gastronómicamente hablando de la magdalena de la búsqueda del tiempo perdido pero con el mismo resultado evocador.

La historia no es lineal pero ya nos ha atrapado, no porque nos sintamos identificados con los personajes ni con sus problemas. Estamos presenciando por un catalejo (eso al fin y al cabo es un libro) la forma de vida del Austria de Francisco José I, y además no nos limitamos a mirar sino que también tenemos acceso a los pensamientos de los personajes. Que más queremos ¿no?